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Porqué Tu Dieta No Te Va A Funcionar

Posted on: abril 14, 2013

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1ª Parte

Desde hace muchos años el tratamiento del sobrepeso ha estado
basado en dos pilares que todos conocemos:
las dietas de pocas calorías y la integración del ejercicio físico en nuestras rutinas diarias.
Será justo decir que al cambiar estos dos hábitos durante un tiempo, el resultado será la pérdida de peso.
Sin embargo, ¿será definitiva?

Si aumentamos la actividad física a la vez que reducimos la ingesta
conseguimos como resultado la pérdida de peso.
Esta es la actitud conservadora con
respecto a la obesidad que prevalece desde el siglo XXI.

Sin embargo ésta es una postura que además de conservadora, resulta
excesivamente simplista, ya que pese a que estos dos elementos
son fundamentales para bajar de peso, también es cierto que para poder mantener esa pérdida de peso es necesario prestar atención a todos los demás factores que la provocan.

Estas otras causas son muy poco consideradas, si no ignoradas
por completo en casi todos los casos.
Se trata de los factores psicológicos, emocionales, sociales, familiares, los malos hábitos.
Al no considerar estos factores como posible origen de la excesiva ingesta
de alimentos y/o calorías, la obesidad se instala como una enfermedad crónica en las personas.

En muchos casos son estos aspectos los que determinan la condición de obesidad.

Entonces, ninguna dieta, por muy efectiva y milagrosa que sea, unida a
ningún programa de actividad física, tendrá un resultado positivo a

la larga si la persona no hace frente también a los posibles
factores emocionales que han causado su situación.

Una persona con sobrepeso puede ir trasladando sus esperanzas de
alcanzar un diferente modo de vida de una dieta a otra y así sucesivamente,
lo que sin duda resultará en mayor frustración, mayor ansiedad, etc.

Las combinaciones posibles de todos estos factores son tan complejas y
distintas en cada persona que sería acertado decir que hay tantos
casos de obesidad como obesos, son tan individuales como una
huella dactilar, por lo que el tratamiento de cada uno será enteramente diferente de los demás.

No quiere decir que el 100% de los casos de obesidad tengan su origen en
factores emocionales, pero sí que es importante determinar en cada caso si
están presentes y, si así es, considerarlos para poder mantener su peso.

Si no se abordan adecuadamente el resultado será, primero,
que dificultarán el tratamiento y segundo, que la persona será incapaz  de mantener el peso.

Los factores que influyen en las personas obesas no son, sin embargo,
propios de ninguna personalidad concreta.

Una característica que suele ser muy común en las personas obesas es su
dificultad para identificar sus propias emociones en relación a la comida, es decir,  la dificultad para distinguir la sensación de hambre con otras emociones que sienten en ciertos momentos y que pueden tener su origen en la infancia.

Un ejemplo muy claro, aunque también quizá demasiado simple,
es cuando un niño llora o se enoja y la solución de su mamá es siempre la
misma para que deje de hacerlo:
darle de comer o darle un caramelo…
Cuando este niño es adulto, comerá cuando tenga aquella misma emoción
porque ésta sigue activa en algún lugar de su subconsciente.

De este modo, en la edad adulta, muchos obesos utilizan la comida
como respuesta a las emociones más diversas, por ejemplo,
ansiedad, aburrimiento, estrés, ira…

La principal barrera que existe para que una persona acepte abiertamente
que pueden existir causas emocionales en su patrón de ingesta excesiva de alimentos  es la creencia de que su condiciónes causada por factores biológicos o físicos.

¡A qué me refiero?

Estas personas suelen pensar que están condicionadas genéticamente
o que existe algún problema metabólico que las predispone a esta condición.

Junto a estas creencias se presentan también otras como la de que es natural
para muchas personas el ser obesas y que todo eso de ser más saludable,
estar en forma, etc. es sólo una creación de nuestra sociedad y sus valores sumamente superficiales.

El la 2ª parte vamos a ver las posibles causas.

Mientrás haz la prueba:

Cada vez que quieres comer algo, pregúntate si de verdad tienes hambre.

Checa si en el fondo preferirías descansar en vez de comer o expresar tu malestar en vez de comer. O quizás quisieras alejarte de una situación en vez de comer o notarás que estás preocupada y preferirías un consuelo o una solución en vez de comer.

Si nos damos cuenta de nuestras emociones, las podemos reconocer y empezar a tomar decisiones conscientes que nos convienen en vez de dejarnos controlar por otros motivos, como la preocupación, el cansancio, el estrés, el sentirse abrumada.

¿Cómo ves?

Cansa mucho la lucha diaria contra la comida.

Los alimentos no son nuestros enemigos – al contrario, yo prefiero comer a gusto, agradecida y sin sentirme culpable.

El conocimiento te puede liberar de este círculo vicioso de las dietas y sus rebotes.

Por esto me encanta compartirlo contigo.

Hasta pronto,

Sandra

Coach de Dieta

http://www.skinnyme.com.mx

sanivi3@gmail.com

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